viernes, 2 de abril de 2010

Estrenos de la Semana


Dos hermanos (Argentina, 2009)
Dirección: Daniel Burman. Con Graciela Borges, Antonio Gasalla, Elena Lucena, Osmar Núñez y otros. Guión: Daniel Burman y Sergio Dubcovsky, con la colaboración de Marcelo Birmajer, adaptado de la novela "Villa Laura", de Sergio Dubcovsky. Fotografía: Hugo Colace. Música: Nicolás Cota. Presentada por Primer Plano Film Group. Duración: 105 minutos. Calificación: apta para todo público.

Dos hermanos es el séptimo filme de la carrera cinematográfica del realizador Daniel Burman donde convoca en roles protagónicos a la pareja actoral de Antonio Gasalla y Graciela Borges. El director tomó el desafío de adentrarse en una temática de mayor espectro y profundidad (ya se vislumbraba en El nido vacío) que aquella que atravesaba su universo costumbrista con fuerte acentuación en la identidad y tradiciones judías que claramente comienza con Esperando al Mesías que continua con El abrazo partido y concluye con Derecho de familia.
Con la pericia a la que ya nos acostumbró con su cine, el realizador Daniel Burman explora el costado tragicómico de la relación de dos hermanos, retomando sus perdurables temas familiares y apoyando con acierto la trama en los hombros de sus dos notables protagonistas.
Es una película de personajes -no tiene elementos que nos distraigan de ellos- más que de trama, lo que no significa que sea tediosa ni contemplativa ni introspectiva. Por el contrario, está muy bien narrada: sin ir directamente, artificialmente, a las sensaciones: generándolas a través del retrato meticuloso donde las actuaciones y la puesta en escena juega un papel preponderante.
Es sabido que Burman en su filmografía nunca apeló al histrionismo y estridencia, al diálogo significativo, a las lágrimas o las risas en primer plano; este film no es la excepción por ello la empatía, identificación y asimilación con el público es mas tardía.
Ya no hay en esta película, como en otras en la filmografía del director, indagaciones sobre la identidad judía, ni reflexiones generacionales. El acento no está puesto sobre la edad de los personajes, sino en su relación: son personajes demasiado anclados en el ayer, a los que poco parece importarles el porvenir, tendencia llevada al fanatismo farandulero, casi devoto, por Mirtha Legrand y sus almuerzos.
Dos hermanos es una reflexión sobre el paso del tiempo, sobre una clase social disimulada por máscaras y apariencias-Burman demuestra que sabe cómo moverse con la cámara dentro del terreno familiar-. El mérito del film reside en haber evadido los no pocos peligros que este material presentaba: entre ellos, caer en el estereotipo y el ridículo; para expresar emociones contenidas por melancolías reprimidas de los personajes.
La destreza de los intérpretes con trayectoria y reconocimiento intachables- quizás en sus mejores y más logradas actuaciones cinematográficas- le dan un plus a una historia sincera e introvertida, con varias capas para analizar, que expresa un nuevo período de un realizador imprescindible en el cine nacional.
Contactos De Cuarto Tipo (The Fourth Kind, EE.UU, 2009)
Dirección: Olatunde Osunsanmi. Guión: Olatunde Osunsanmi. Producción: Paul Brooks, Joe Carnahan, Terry Lee Robbins, Scott Niemeyer, Norm Waitt, Ioana Miller. Elenco: Milla Jovovich, Will Patton, Elias Koteas. Distribuidora: Alfa Films. Duración: 98 minutos

Estructurada de una forma poco convencional, Contactos de cuarto tipo es un provocativo thriller ambientado en nuestros días en Nome (Alaska), un lugar conocido por el desproporcionado número de casos de desapariciones que ha habido desde los años 60 y en las que múltiples investigaciones del FBI no han conseguido nada.
Contactos de cuarto tipo nos adentra en estos acontecimientos de abducción que provocan terror y angustia entre los ciudadanos a medida que se suceden inexplicables casos, que plantean el interrogante de estar acompañados por criaturas desconocidas.
La película arranca con Milla Jovovich caminando hacia la cámara donde nos informa que los que estamos a punto de ver es una recreación de hechos ocurridos en el año 2000 y que al finalizar la historia cada uno sacará sus propias conclusiones si lo que vimos fue real o no.
La película vuelve a utilizar el cada vez menos eficaz recurso de simular que cierto material fílmico, no es otra cosa que el registro incidental de situaciones reales a través de cámaras testigo. Si bien dicen que tratan de un caso real, con el transcurrir de los sucesos se marca que todo es ficticio en la trama.
Dentro del género de terror- ciencia/ficción es un producto bien pensado, que consigue climas realmente densos y horripilantes más por lo que insinúan que por lo que efectivamente se muestra, que a decir verdad no es mucho. Contactos de cuarto tipo es una propuesta que va a gustar a la mayoría de los amantes de la ciencia ficción y nada más.
La mosca en la ceniza (Argentina, 2009)
Guión y dirección: Gabriela David. Fotografía: Miguel Abal. Elenco: María Laura Cáccamo, Paloma Contreras, Luis Machín, Luciano Cáceres, Cecilia Rossetto, Vera Carnevale, Dalma Maradona. Presentada por SP Films. Duración: 98 min. Para mayores de 13 años, con reservas.

Sorprende gratamente esta segunda realización de Gabriela David-de un promisorio debut con un Taxi, un encuentro- por la calidad técnica y el tratamiento del guión, eficiente y compacto para la rápida comprensión del espectador. La trama esta impresa de una textura que nos traslada a la vida de dos jóvenes que vienen de la provincia de Misiones con falsas promesas porteñas; serán encerradas y prostituidas siendo una película de denuncia sobre la trata de blancas y el tráfico sexual.
Policías corrompidos, clientes observadores silentes, todos están allí simulando que tras esas paredes no pasa nada, lo mismo que hacemos cotidianamente todos: simular que la prostitución es una cuestión de acuerdos económicos y libre albedrío entre personas libres y adultas. La realizadora implica también, y con pertinencia, al cliente como explotador.
La mosca en la ceniza hace referencia a una tradición que sostiene que si una mosca ahogada es tapada por cenizas, revivirá. Metáfora que envuelve a los personajes del film: dos vidas “muertas” que florecerán gracias a su amistad y a las ganas de salirse de la miseria que les tocó afrontar.En fin un film pedagógico, explicativo y necesario de una cruda realidad, que se oculta en un rubro clasificado de los diarios masivos y en informes especiales de programas de televisión.
El caza recompensas (The Bounty Hunter, Estados Unidos, 2010)

Dirección: Andy Tennant. Elenco: Jennifer Aniston, Gerard Butler, Gio Perez, Joel Garland, Jason Kolotouros, Matt Malloy, Jason Sudeikis, Adam Rose, Christine Baranski y Dorian Missick. Guión: Sarah Thorp. Fotografía: Oliver Bokelberg. Música: George Fenton. Edición: Troy Takaki. Diseño de producción: Jane Musky. Duración: 110 minutos. Apta para mayores de 13 años.

La comedia del director Andy Tennant (quien acertó con Hitch, junto a Will Smith) juega aquí con toques de acción, diálogos insignificantes y un caso policial que acumula sospechosos. Su trama al fin y al cabo busca tener una historia de amor- un guion que acerca a dos personas distanciadas emocionalmente- que no funciona demasiado bien ni en su costado romántico ni tampoco en su lado policíaco, lo que no implica que no tenga algo que ofrecer en ambos géneros.
Si la comedia no tuviera como protagonistas principales a Gerard Butler y Jennifer Aniston, la película sería un fracaso, pero la simpatía de ambos la mantiene a flote. La pareja posee una química innegable y ambos realizan una buena labor, aunque los sentimientos entre ellos están lejos de parecerse al odio genuino que se transformaba en pasión desenfrenada en el Sr y la Sra Smith.
El caza recompensas se esfuerza demasiado en presentar situaciones graciosas salidas de una serie de televisión norteamericana que se ven forzadas y las secuencias de acción, con los excesos acostumbrados hollywoodenses. Que el film reviste los lugares comunes en la fusión de varios géneros que cada tanto da sorpresas no es lo exasperante. A la larga es otra muestra clara de la crisis de creatividad que hay en Hollywood por estos días en las comedias comerciales.

jueves, 25 de marzo de 2010

Enfoques

por Miguel Mirra*
Documental y Derechos
Humanos
El ochenta por ciento de los documentales realizados en Argentina son sobre Derechos Humanos


Aquellos organismos de Derechos Humanos complacientes con la democracia formal y aliados al gobierno “progresista“de turno envían la cuestión de la vigencia de los DDHH al pasado. Sin embargo, los Derechos Humanos son conculcados a cada paso por esos gobiernos, representantes de un sistema económico y social al servicio del capital -aunque se llamen a sí mismos progresistas y aún socialistas-. La salud, la vivienda digna, el trabajo son DDHH básicos y fundamentales, pero no aparecen como necesidades perentorias en la medida que el sistema capitalista privilegia el beneficio a la solidaridad, el precio al valor, la propiedad al trabajo.
La producción documental, en la medida en que los DDHH son relegados al pasado y desempolvados a la hora de conseguir elecciones, es la que ha permitido y permite dar a conocer las luchas del pueblo por su dignidad y sus derechos. Y han sido y son los documentalistas los que relevan y develan la realidad dolorosa de los marginados y oprimidos cuando, sin hacer discursos grandilocuentes, denuncian la violencia, discriminación y humillación a las que estos compatriotas son sometidos. ¿Qué respeto por los DDHH puede existir cuando el 40 por ciento de la población vive bajo el límite de la pobreza?
Alejandro Fernández Moujan con su documental Sólo se escucha el viento, ha hecho más por los pobladores originarios del Chaco discriminados por el poder económico de los sojeros y el poder político que los sostiene, que muchos organismos oficiales que proclaman defenderlos contra la discriminación, mientras miran para otro lado.
El derecho al sustento sano y a un desarrollo sustentable ha sido infinitamente mejor defendido por Patricio Schawnek con su documental Acecho a la ilusión, sobre el desastre socio-ambiental producido por la mina Bajo La Alumbrera, que por un Poder Ejecutivo que veta la ley de protección a los glaciares.
La defensa del suelo y las producciones regionales ante el avance de la frontera sojera ha sido defendido en el documental Hambre de Soja, de Marcelo Viñas, que alertó ya hace varios años sobre las consecuencias de la sojización.
Y el reclamo por la distribución de la riqueza y la dignidad de los nadies fue mejor expuesto y puesto en evidencia por cientos documentalistas que salieron con sus cámaras en el 2001, que por todos los discursos oportunistas de un poder político que privilegia pagar la deuda externa.


*Fundador y Director del Festival Nacional de Cine y Video Documental en Argentina.
Fundador del Festival Internacional Tres Continentes del Documental, Asia, África y América
Latina. Autor de numerosos ensayos sobre el género. Entre ellos: “Los documentalistas y
los nuevos movimientos sociales”, que integra el libro Documental en movimiento:
Teoría, metodología y práctica del Movimiento de Documentalistas y “El reto de los
documentalistas”, seleccionado y publicado por el Concurso Pensar a Contracorriente. Coordinador
del Movimiento de Documentalistas y director de su Centro de Formación e Investigación
Documental.

Entrevista

“No sé si hay una historia pero hay que buscarla”
Nicolas Prividera

El director, actor y guionista de cuenta los múltiples sentidos que produce el cine en su vida, que lo llevaron a crear un film en el que buscó reconstruir la historia de su madre.

Nicolás Prividera saluda como un hombre desconfiado, pero seguro de sí. Director por profesión y actor por necesidad, él es siempre el centro de sus escenas. El encuentro es en Corrientes al 1543 (Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini), donde él espera preguntas acerca de su primera película, M, que “no pretende agotar los temas, porque se deben ampliar las cuestiones, un texto debe ser como una hipermedia (que se une de modos múltiples con diversas informaciones)”, sentencia.
Vestido con ropa oscura y talles superiores a los necesarios, que no dejan ver marcas, ni bijouterié, expulsa palabras para que su voz ocupe la inmensidad de la escena. Él querría ser una voz en off, sin cuerpo a mostrar, como todo director de cine. Pero su historia, su vida, sus preguntas nacen desde que en él crecieron los interrogantes: ¿quién y qué fue su madre?, ¿por qué quedó solo con un hermano menor y su padre?, ¿y los culpables?
En Nicolás Prividera las respuestas siempre son dobles. Es la búsqueda por conciliar la unión entre el anarquista y el metodista que lleva adentro. La memoria, las redefiniciones, las palabras justas, en él se muestran con sinceridad, aquello que no le regalaron los historiadores y dictadores. Eterno equilibrio -el que busca Prividera por no caer al vacío, sembrado en la década del ‘70 en Argentina.
Cuando el nombre del film es la pregunta, él responde: “La gente crea su propia significación de M, pero también es la imposibilidad de articular una palabra”.Aunque la apertura de sentidos que abre M llevan a identificarla con mamá, misterio o militancia, es gracias a los giros que tiene la película, y que existieron en el rodaje. “Pensé que iba a encontrar algún dato más preciso de dónde había estado mi madre, pero al chocar con infinidad de imposibilidades, vuelvo hacia atrás, a otra película que es la militancia” (de su madre). El camino del film es desordenado, el pasado de su director no lo es menos. “Y llego a una cuestión menos estudiada y que no es lo ‘concentracionario’, que hace más rica la película: la primera mitad de los ‘70”, sentencia Prividera.
Cuando el pasado mortifica la memoria
En la retina de quienes presenciaron la noche en que civiles y militares robaron a Marta Sierra de su casa, del cariño de su marido, sus dos hijos, Guido (de dos meses) y Nicolás (de seis años), quedaron las ausencias de respuestas a los habeas corpus. Más tarde, el único registro era el legajo 155 de la CONADEP (comisión investigadora durante el juicio a las Juntas Militares en 1985). Pero Nicolás decidió (ya en democracia) dar vida a la causa judicial y a un film con una cámara que lo acompañó en su búsqueda. La de una película coral, donde todos expresaran sus ideas.
“M es una película sobre memoria, sin hablar de la dictadura. La verdad está en la búsqueda, porque no sé si hay una historia pero hay que buscarla, no hay que resignarse frente a los pedazos”, asegura Prividera, que incursionó en el documental. Porque la apertura del género le posibilitaba inquirir más que en las ficciones, donde el guión y las ideas preconcebidas generan límites.
Además aclara que “esa posibilidad que tiene el documental de ir al choque, es la parte más significativa, quizás ningún otro arte logra esto y todo gracias a la materia y a la luz”.
En M se oye a Nicolás Prividera. Indaga sentidos en los caminos de quienes conocían a Marta Sierra y en las instituciones que luchan contra el olvido, como el Museo de la Memoria. “Quería que las entrevistas de la película sean sin encuentros previos, sabía que algo de esa inmediatez iba a ser capturada por la cámara, en algún punto iba a ser más importante que lo que se dijera. Todo el tiempo hay una doble tensión, una especie de movimiento espiralado: cuando uno avanza, hay un quiebre, y cuando hay un quiebre, se avanza. El recorrido se fue inventando mientras filmaba; y el cuerpo en escena es porque alguien va a buscar la historia”.
Pero no siempre se deja el alma en un texto, como lo hace Nicolás, sólo cuando se es un artista.

“M es una película sobre memoria,
sin hablar de la dictadura”

Vivir en el cine argentino
Después de cinco años de filmada y dos de estrenada, el paso del tiempo no arruina la cinta. Aquella que en el XXII Festival Internacional de Cine de Mar del Plata(2007) obtuvo el Premio Che Guevara a la Mejor Película Iberoamericana sigue dando lucha por no perecer ante el paso del tiempo. “Las películas que sobreviven son las que a veces son más anómalas a su tiempo. Hay muchos ejemplos: como Tango feroz, que son un boom en el momento y después nadie se acuerda de ellas”. Pero M juega en la actualidad por las discusiones que plantea, como en el final, donde en una charla entre amigos y compañeros de Marta Sierra se critica a Néstor Kirchner. “La discusión es muy actual, es el único film del cine argentino donde se insulta a un presidente en funciones”, sentencia con fortaleza el director.
Pero entre las discusiones acerca del cine y su permanencia, Nicolás Prividera aclara que el largometraje Los rubios “pegó con cierto clima epocal, con un abordaje posmoderno que sintoniza con la mirada actual sobre el tema. Pero lo bueno sería discutir, pensar contra la época”. Como se entiende en la jerga cinéfila, él desea que su cine vaya contra los gustos de la cultura dominante o la historia oficial: mainstream.
A un hombre al que le robaron la posibilidad de reconocerse en su pasado, a quien después de los cinco años debió ver a su madre sólo en fotos o cintas de 8 milímetros, las responsabilidades individuales le parecen innegables, así como la postura crítica. “Yo tenía 20 en los ‘90 y no era neoliberal, la historia no arrastra. Leonardo Favio es muy problemático, por eso es el mejor director argentino”.
Nicolás Prividera es y será un amante de las rupturas, “porque mientras en el cine algunos trabajan la imagen compacta, otros laburamos las grietas, donde está la verdad”, a sabiendas de la no masividad.
Nicolás mira el reloj, aunque sólo veamos su movimiento y sus expresiones no cambien en absoluto la frase que tiene en la boca se extiende para relacionarla con el lugar donde estamos sentados. Él pregunta en qué sala se presenta la última creación de la colección Los detectives salvajes. Se levanta para indagar el auditorio con su vista y da cierre a nuestro encuentro luego de un saludo que lo introduce en la sala del Centro Cultural de Cooperación Floreal Gorini.

Memoria de un pasado reciente

¿Cómo narrar la represión y el horror? ¿Cómo mantener viva la tensión entre ficción y lo real representado? Es justo reconocer que la representación de la dictadura desde la producción artística es excesivamente problemática; desde la banalización, el tema como un fetiche, o las muestras vacías sin propuestas complejas que convierten el recuerdo de la dictadura militar en una presencia casi constante en el cine argentino de las últimas dos décadas.
El cine -como manifestación cultural- permite mostrar y problematizar la realidad y el pasado, ejercicio que habilita un horizonte de posibles producciones de significados, donde la memoria cinematográfica sobre la dictadura ha ido transformándose.
Películas como La historia oficial (1985), dirigida por Luis Puenzo, y La noche de los lápices (1986), de Héctor Olivera, enunciaron verdades imprescindibles en un momento coyuntural totalmente necesario, aportes de riqueza y de vínculo con el presente que lo reclamaba. Desde films que se refieren directa o tangencialmente al golpe de Estado, hasta otras producciones que colocan en el centro de atención a la represión generalizada y la desaparición forzada de personas.
Con la nueva ola de realizadores como Albertina Carri (Los Rubios, 2003) o Nicolás Prividera (M, 2007) surge una conjunción nada azarosa, en un cine que pretende reflejar fragmentos de sus vidas y trabajando códigos propios, transitando entre la realidad y la puesta en escena de la realidad como expresión de la memoria.
Producciones audiovisuales que intervienen en la configuración de los estereotipos sociales de cada época y permiten rastrear las representaciones que conforman los imaginarios sociales e históricos de cada sociedad. En constante construcción de modelos contra-hegemónicos que cuestionan las categorizaciones estereotipadas, donde se mantienen vivas las disputas y la constante confrontación con la creación de realidades unidimensionales.
Cuando Charles Chaplin, en El gran dictador (1940), avizoró el futuro que vendría con el nazismo, apuntaba que “pensamos demasiado y sentimos muy poco”. Es fundamental entender que el cine estuvo asociado a una acción: el sentir que nos habla del artista, su tiempo, su mirada y las instancias que le tocó vivir, que superan con creces al análisis crítico.
Además cada director, actor, técnico o productor aportó su “granito de arena” para que no vuelva a ocurrir, que se haga justicia, y se juzgue a los responsables.
La reflexión que hace la sociedad sobre su realidad viéndose reflejada en el cine, tiene un valor mayúsculo para el desarrollo identitario y cultural del país.

lunes, 30 de noviembre de 2009

PapaNegra Tv


Sábado 5 de diciembre

Desde Meridiano V (La Plata, Planeta Tierra), para toda la galaxia

A través de Canal 4 de aire y por internet

PapaNegra Tv

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